En el barrio Samarcanda de Magangué vive Don Daniel, un hombre de conversación pausada que ha hecho de la participación ciudadana una costumbre de vida. A sus 75 años conserva intacta la convicción de que cada voto cuenta y que la democracia se fortalece cuando los ciudadanos asumen con responsabilidad el compromiso de elegir. Por eso, cada jornada electoral tiene para él un significado especial: es una oportunidad para expresar su opinión y aportar al futuro de su comunidad.
Su historia es la de miles de colombianos que han sido testigos de cambios políticos, transformaciones sociales y desafíos para la seguridad. Ha conocido épocas marcadas por la incertidumbre y momentos en los que participar en la vida democrática no siempre resultaba sencillo. Sin embargo, nunca ha perdido la fe en la importancia de votar con conciencia. “Uno vota por los hijos, por los nietos y por el futuro de este pueblo. Si uno no participa, después no puede quejarse”, afirma.
Don Daniel recuerda que hubo tiempos en los que el miedo intentaba limitar la participación ciudadana. Hoy, asegura, existe una mayor confianza para acudir a las urnas y ejercer este derecho con libertad. La presencia de la Fuerza Pública durante las elecciones le transmite tranquilidad y le permite acudir a su puesto de votación con la certeza de que podrá hacerlo en un ambiente seguro.
“Nuestro compromiso es garantizar que cada ciudadano pueda ejercer libremente su derecho al voto en un ambiente seguro y transparente. La democracia se fortalece cuando las personas participan sin miedo y con todas las garantías institucionales”, afirmó el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar.
A quienes comienzan su vida ciudadana les deja un mensaje claro: participar, informarse y elegir con responsabilidad. Después de cada elección suele conversar con amigos y vecinos sobre el futuro de Magangué y los retos de la comunidad. Mientras la salud se lo permita, seguirá asistiendo a las urnas, convencido de que votar es mucho más que un derecho: es una forma de honrar el pasado, asumir un compromiso con el presente y sembrar esperanza para las generaciones que vienen detrás.